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Bajío Corporativo firma la Declaración de Santo Domingo sobre el Liderazgo Católico en América Latina

Santo Domingo, República Dominicana

Comunicación · Bajío Corporativo
Miembros de la dirección de escuelas de líderes, obispos, Consejo Directivo y Consejo Académico reunidos en Santo Domingo.
Miembros de la dirección de escuelas de líderes, Obispos, Consejo Directivo y Consejo Académico reunidos en Santo Domingo.

En un hecho sin precedentes para el sector profesional y empresarial de nuestra región, Bajío Corporativo ha consolidado su proyección internacional al sumarse como institución firmante de la Declaración de Santo Domingo. Este histórico documento fue el fruto del I Encuentro Internacional de Escuelas de Líderes Católicos y Encuentro Regional de Obispos 2026, celebrado del 26 al 29 de mayo en la Casa Arquidiocesana María de la Altagracia bajo el lema “Nuevo liderazgo católico para una humanidad que se renueva”.

Nuestra delegación viajó a Santo Domingo con la firme convicción de incidir en la construcción de un nuevo paradigma ético para el mundo corporativo y social. Durante cuatro jornadas de intenso trabajo sinodal, Bajío Corporativo participó activamente en las mesas de alta reflexión, diagnóstico estratégico y discernimiento junto a eminentes autoridades eclesiales y académicas globales, incluyendo al cardenal Diego Padrón Sánchez, obispos de toda América Latina, Estados Unidos y el Caribe, así como altos directivos de SOMOS Community Care y Basilica Medical Management.

01.Un logro histórico: Luis Felipe Gutiérrez Gámez al frente de la expansión regional

El encuentro marcó un hito definitivo para nuestra organización al confirmarse el liderazgo y la visión de Luis Felipe Gutiérrez Gámez, quien asumirá formalmente la dirección y coordinación de la nueva Escuela de Líderes Católicos de Guanajuato.

La apertura de esta sede —anunciada en la cumbre global junto a la de Hermosillo a cargo de Anna Baranzini— posiciona a Luis Felipe Gutiérrez Gámez como una figura clave en la articulación del laicado y la formación de cuadros directivos bajo los principios de la Doctrina Social de la Iglesia. Para respaldar este crecimiento institucional, el encuentro también confirmó el nombramiento de Andrea Baray como Coordinadora Nacional de México a partir de junio de 2026, abriendo una etapa de estrecha colaboración estratégica con nuestro grupo para transformar el entorno social y económico del Bajío.

02.Hacia la hoja de ruta 2030

Misa de cierre en la Catedral Primada de las Américas presidida por el Cardenal Diego Padrón.
Misa de Cierre en la Catedral Primada de las Américas presidida por el Cardenal Diego Padrón.

A través de análisis estratégicos FODA y debates inspirados en la reciente Encíclica del Papa León XIV, «Magnifica Humanitas», Bajío Corporativo aportó su visión sobre los desafíos de la transformación digital, la transparencia institucional y la urgente necesidad de una economía con rostro humano. El encuentro culminó con una emotiva Santa Misa en la Catedral Primada de América, donde se selló este compromiso continental.

Como testimonio de nuestra adhesión a estos criterios globales de integridad, caridad política y servicio, compartimos de manera íntegra y sin modificaciones el texto oficial de la declaración:

Documento oficial

Declaración de Santo Domingo

Declaración

Declaración de Santo Domingo sobre el liderazgo católico en América Latina

«Nuevo liderazgo católico para una humanidad que se renueva»

Exordio: desde la memoria hacia la profecía.

Nos encontramos en Santo Domingo, la ciudad que custodia las primicias de la evangelización en nuestro continente. Aquí, donde la cruz se plantó por primera vez en la tierra que los antiguos llamaron Quisqueya, nos hemos reunido bajo el lema: «Nuevo liderazgo católico para una humanidad que se renueva». Al contemplar las aguas del Caribe y caminar por las calles de la Zona Colonial, lo hacemos con el corazón de quien busca en las raíces la fuerza para los frutos del mañana.

América Latina atraviesa una crisis de identidad profunda. El futuro glorioso de una cristiandad institucionalizada parece desvanecerse ante el avance de un laicismo indiferente y una fragmentación social sin precedentes. Sin embargo, como nos recordaba el Documento de Aparecida, no estamos simplemente en una época de cambios, sino ante un auténtico cambio de época, una constatación que la reciente Carta Encíclica de S. S. León XIV, Magnifica Humanitas, ha venido a reafirmar en el entorno de las “nuevas cosas nuevas”.

Este momento histórico nos exige una reflexión audaz sobre el papel de la Iglesia en la esfera pública; no para recuperar privilegios del pasado, sino para servir mejor a una humanidad que sufre. Nuestra presencia aquí, en la República Dominicana, simboliza ese retorno al origen para proyectarnos con renovada energía hacia el 2030, integrando la riqueza de la Doctrina Social con la realidad de nuestros pueblos.

I. El diagnóstico de una realidad herida: la mirada de la DSI

La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) nos enseña que el análisis de la realidad debe partir siempre de la dignidad inalienable de la persona humana. Al observar el mapa actual de América Latina, nos encontramos con un panorama de sombras de un mundo cerrado, como describe el Papa Francisco en Fratelli Tutti. La región sigue siendo la más desigual del planeta, una herida abierta que contradice el plan creador de Dios sobre el destino universal de los bienes. La economía actual, a menudo, es una economía que mata, porque excluye al ser humano del centro para colocar el beneficio financiero como fin absoluto.

En nuestras naciones, la polarización política ha dejado de ser un debate de ideas para convertirse en un enfrentamiento de identidades que destruye la amistad social. Este fenómeno se ve agravado por la revolución digital. Si bien la tecnología es un don, estamos asistiendo a una colonización ideológica a través de los algoritmos que refuerzan prejuicios y eliminan el matiz necesario para la búsqueda de la verdad. La desinformación y la posverdad no son solo problemas técnicos, sino crisis éticas que erosionan la confianza en las instituciones y en la misma noción de bien común. Sufrimos, además, una crisis de esperanza: las nuevas generaciones, asediadas por la falta de oportunidades y el vacío existencial, buscan respuestas en paraísos artificiales o caen en la apatía. Es en este escenario donde el liderazgo católico debe emerger como un faro de integridad, humildad y caridad política.

II. La hora de la corresponsabilidad: más allá del clericalismo.

La Iglesia en América Latina ha sido históricamente una Iglesia de pastores valientes, y hoy más que nunca, reafirmamos el valor de la jerarquía eclesial. El servicio de los obispos es fundamental para garantizar un acompañamiento efectivo a los fieles siguiendo el mandato apostólico y la comunión de todos los que somos hermanos. Son nuestros obispos y pastores quienes deben ser centinelas del mañana y de la obra de la Iglesia, Madre y Maestra. Sin embargo, la fidelidad a este servicio hoy pasa por abrir caminos de participación real. Reconocemos con dolor que el clericalismo sigue siendo un obstáculo que asfixia el dinamismo del Pueblo de Dios, tratando a los laicos como actores secundarios o meros ejecutores de órdenes.

Como proclamó San Juan Pablo II en Christifideles Laici, los fieles laicos están llamados por el bautismo a una misión única: santificar las estructuras del mundo desde dentro. No se trata de clericalizar a los laicos, sino de que ellos asuman su rol profético en la política, la economía y la cultura. La sinodalidad, que el Papa Francisco nos pidió vivir con urgencia, debe ser uno de los elementos fundamentales que nos convoque y que nos hable de una Iglesia donde el diálogo y la transparencia sean la norma, y la participación de los laicos sea fundamental. Es la hora de una corresponsabilidad efectiva, donde el consejo de los laicos sea escuchado y valorado, no por concesión, sino por derecho eclesiológico. El futuro de la fe en nuestro continente depende de nuestra capacidad para formar líderes que, movidos por el Espíritu, sean fermento de justicia en medio de las realidades temporales; laicos acompañados y apoyados por una red eclesiástica que los anime a servir a la sociedad.

III. Las universidades y el retorno a la verdad integral.

Las instituciones educativas y universitarias en América Latina enfrentan un desafío existencial. Muchas han caído en la tentación del funcionalismo, convirtiéndose en centros de capacitación técnica que producen profesionales competentes pero ciudadanos éticamente huérfanos. La educación católica debe ser, por definición, una educación integral. Como señalaba la constitución apostólica Ex Corde Ecclesiae, la universidad debe ser un espacio donde la fe y la razón dialoguen sin miedos para alcanzar una comprensión más profunda del hombre y del mundo.

Hacemos un llamamiento a que nuestros espacios de formación vuelvan a ser laboratorios de verdad. No podemos permitir que la educación se reduzca a la transmisión de datos; debe ser una iniciación en el arte de vivir y de servir. El retorno al origen significa recuperar la pasión por la justicia social desde la cátedra. Las universidades deben ser los lugares donde se piense el futuro de América Latina desde la Doctrina Social de la Iglesia, proponiendo modelos económicos alternativos y soluciones políticas que superen la demagogia. Formar líderes católicos hoy implica darles un pensamiento crítico capaz de desarmar los discursos de odio y de proponer, en su lugar, una cultura del encuentro que reconozca en el otro, especialmente en el pobre y el excluido, a un hermano.

IV. Desde Santo Domingo:

Considerando que el mundo ha pasado por transformaciones que han alterado la esencia de la convivencia humana, y que América Latina sufre hoy las consecuencias de un desarrollo sin alma;

Reconociendo que la fe en Jesucristo es la roca sobre la cual se ha edificado la identidad de nuestros pueblos y que su mensaje sigue siendo la respuesta más profunda a los anhelos de justicia y paz;

Aceptando el llamado del Magisterio a vivir una Iglesia en salida, sinodal y transparente;

Nosotros, líderes y pastores reunidos en esta tierra primada, declaramos:

  1. Declaramos que la política es una de las formas más altas de la caridad y que los católicos no podemos ausentarnos de ella por miedo a la corrupción, sino que debemos entrar en ella para purificarla con el testimonio de la ética.
  2. Declaramos que la formación del laico es la prioridad estratégica de nuestra Iglesia. No habrá transformación social sin cristianos que conozcan y vivan la Doctrina Social en sus puestos de trabajo y responsabilidades públicas.
  3. Declaramos que nuestras instituciones educativas deben abandonar cualquier autorreferencialidad para convertirse en puentes de diálogo con la cultura contemporánea y la ciencia.
  4. Declaramos nuestra opción preferencial por los pobres, no como una ideología, sino como una exigencia del Evangelio que nos obliga a denunciar las estructuras de pecado que generan miseria.
  5. Declaramos que el liderazgo católico del siglo XXI debe caracterizarse por la humildad en el servicio, la transparencia en el obrar y la audacia en el proponer nuevas vías de desarrollo humano y ambiental.

V. Hacia una civilización del amor

Al concluir este encuentro, nuestra mirada se dirige al futuro con una esperanza activa. El camino hacia el 2030 está lleno de incertidumbres, pero también de oportunidades divinas. El futuro de nuestra Iglesia no se encuentra en el retorno a una cristiandad de poder, sino en la construcción de una comunidad sinodal de servicio. Estamos llamados a ser una Iglesia que, como el Buen Samaritano, se inclina ante las heridas de la humanidad que se renueva en medio del dolor.

Desde Santo Domingo, enviamos un mensaje de fortaleza a todas las Escuelas de Líderes Católicos, a todas las diócesis de nuestra América y a todas las personas de buena voluntad. La misión de todos es vital: ustedes son los semilleros de los nuevos servidores humildes y dispuestos que América Latina necesita. No tengan miedo de ir contracorriente, de buscar la verdad por encima del aplauso y de amar la justicia por encima del éxito personal.

Que la Virgen de la Altagracia, Protectora de este pueblo dominicano, nos acompañe en este caminar, para que cada una de nuestras acciones contribuya a la edificación de esa Civilización del Amor por la que tantos santos y mártires de nuestra tierra entregaron su vida.

Dado en Santo Domingo, República Dominicana, a los primeros días de mayo de 2026.

Declarantes

Firma de todos los presentes en el Primer Encuentro Mundial de Escuelas de Líderes Católicos y Obispos colaboradores.

Delegaciones internacionales reunidas al cierre del I Encuentro Internacional de Escuelas de Líderes Católicos en Santo Domingo.
Delegaciones internacionales al cierre del I Encuentro Internacional de Escuelas de Líderes Católicos y Encuentro Regional de Obispos 2026.